Cuenta la historia ( le decia el padre al niño ), que existe una raza distinta entre todos nosotros, una raza humana y terrestre, pero distinta, era entonces cuando el niño se desvelaba dejándolo al padre con la única alternativa de terminar su relato.
Entonces padre empezó a describir a estos seres, y niño no encontraba diferencia alguna consigo mismo, por lo cual empezó a creer que su padre era un farsante.
Una noche por semana el padre volvía a intentar en vano atrapar al niño con su historia, pero este siempre se le tapaba los oídos y lo mandaba a callar, era entonces cuando padre retornaba a su cama matrimonial de una plaza vacía, completamente indignado, aveces llorando, impotente, otras con ganas de cachetear al ya muchacho, prepotente.
El adolescente, decidió un día sentarse a escribir en una plaza cuyo nombre veneraba a un hombre lleno de musas. Este día adolescente tuvo la suerte de ver pasar por su frente a dos seres humanos y terrestres, casi parecidos al montón, no por su torpeza ni dificultad para gesticular y acomodar palabras, sino por su facilidad para gritar uno y reír el otro.
Adolescente se respaldo en el banco, miro al cielo con los ojos cerrados, se permitió sentir la brisa, encendió un papel cilíndrico lleno de tabaco y químicos, y exclamo para su adentro : seres sensibles.
(En la plaza de la estación Borges)
28/11/09
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