Era una tarde como cualquier otra de llovizna y frío.
Los ancianos se preocupaban por sus huesos, los niños insistían en salir a chapotear y por corrientes abundaban los taxis tan semejantes a los barcos, barcos de madera, no como los de papel que inventaba el viejo en mi infancia cuando todavía nos entendíamos.
Para no desobedecer a la rutina lleve a pasear conmigo el paraguas que Jose Luis me trajo de Praga y lo resguarde del agua en ''cualquier bar'', vale aclarar que por retorcido que suene este era el verdadero nombre del bar.
Después de varias dosis de tabaco y cafeína alcance a ver en la ventana del otro extremo del lugar a un joven que fumaba como si su vida se fuera en ello, pero pensando que su vida no se le iría en ello.
El joven al que llamaremos: ''adolescente'', cargaba con varias caras de malestar en el rostro, pero se notaba su esfuerzo por sonreír, y como sonreía con los ojos, me hacia acordar a mi.
Adolescente se dirijia hacia la barra por cualquier antojo para no hacer caminar al mozo, ademas le daba vergüenza llamarlo desde su sitio, no le gustaba sentirse poderoso.
Decidido pero muy aferrado a ese maldito paraguas, adolescente provoco en mi la sensación de que mi mas material recuerdo de Jose Luis estaba ahora en sus manos, protegido pero hurtado.
Después de varios milímetros precipitados desde el cielo me decidí por fin a interactuar con el joven, el que con una nerviosa sonrisa respondía a mi mirar, a esta sonrisa la interprete como una invitación y el me interpreto a mi como un solitario anciano, pero aun así lleve dos tazas de café recién retiradas de la barra a la mesa en la que adolescente reposaba sus codos, le invite con uno y nos dispusimos a platicar un largo rato.
Poco tardo adolescente en darse cuenta que yo era su adulto y poco tarde yo, adulto, en darme cuenta que el era mi adolescente, no mi hijo como algunos podrán pensar, ya que como dijo Gibran: ''Tus hijos no son tus hijos, son los hijos de la vida'', sino mi pasado, mi juventud, mis peleas con el viejo.
Pruebas concretas me pidió y su vida hasta su momento le resumí, me pidió futuros y yo le regale la intriga y la aventura, solo le dijo que cuidara a la vieja, que aprovechara a Jose Luis, le pedí que cante con la hermana y que comparta con el viejo, ademas de explicarle en vano porque no debía abandonar nunca las letras, el amor y las corcheas, le recuadre la frase de un sabio ser, al que en su momento adolescente ya conocía, la cual exclamaba que las utopías sirven para caminar, y me marche, junto al mismo pero mas ajado paraguas, a recordarme porque no debía abandonar las letras, el amor, las corcheas, los recuerdos y los seres.
Te extraño.
L
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