Bajo el cielo, durante el transcurso de una noche prácticamente transparente fue concebido Amador. Solo 7 meses estuvo protegido el feto dentro de la panza de su madre, salio a entrar en este mundo en una habitación carente de luz, y con solo el brillo de su ser, alcanzo para que los apenas vislumbrados cristales se transformaran en cegadores reflectores de su sonrisa, porque el bebe sonrió, no lloro, ni tosió, sonrió con una boca sin dientes, pero desde sus cuerdas vocales recientemente formadas emanó una luz, y así todos los presentes comprendieron que la recién nacida criatura tendría algo para decir, algo para dar. Quizás le iba a hacer honor a su nombre, lo que inevitablemente le traería bastantes penas a este sensible ser, aunque no siendo lo único que atrajera.
Los 7 meses a Amador se le hicieron eternos, extrañamente desde feto era una criatura pensante. Sin buscarle explicación a este fenómeno, ya que le resultaba inimaginable, su madre contaba las semanas, ansiosa de que llegara el día en el que por fin, salga de su vientre una criatura de ojala no menos de 3 kilos.
La infancia de Amador fue bastante normal según lo establecido por los códigos de la sociedad, o al menos así le resultaba conveniente creerlo. Desde chico entablo una relación espiritual y afectivamente rica con su madre, pero nunca tuvo mucho trato con el padre, a pesar de que debía verle la cara bastante seguido. Era así todas las mañanas, y después todas las tardes, luego una tarde de vez en cuando y todos los fines de semana, y por ultimo, alguna que otra tarde, y los fines de semana en que inevitablemente debía interactuar con su progenitor, el que ya no encajaba en el título de padre.
Amador se estaba capacitando para ser piloto de carreras, como su padre. Los fines de semana en que el asfalto no resultaba peligrosamente resbaladizo los dos eran los tripulantes del auto que los llevaría a las pistas. El progenitor de Amador era el conductor, y este se disfrazaba de acompañante, ya que era demasiado pequeño de conciencia bajo los ojos de su padre para desenvolverse en el tráfico.
Un sábado, aproximadamente a las 9 de la matina, llegaron los dos herederos del mismo apellido a su destino, dejaron sus pertenencias en el auto como de costumbre, y fueron ansiosos al taller, cargaron combustible a sus respectivas catarsis, y se ubicaron montados ya a estos aparatos tras la línea de partida, la cual también funcionaba como llegada, lo que resultaba bastante turbio, por lo menos para Amador.
El padre de Amador, aceleraba tras la luz verde sin miedo alguno, inequívoco, mientras que su descendiente, no por seguirlo sino por darle el gusto a sus instintos animales, aceleró sin perder fracción de segundo alguna, pero mas cauteloso en las curvas. La situación planteada es que ambos aceleraban a mas no poder, el padre no se sabia a ciencia cierta porque, pero Amador dejaba claro que estaba dispuesto a arriesgarse por algo en lo que de verdad creía, y así creía en la estabilidad de su vehiculo, como también creía en esa curva, y en todas las curvas de la vida, o de la pista, nunca supo distinguir bien entre una u otra, lo que si hacia era andar por la vida con la calma que no se daba el lujo de tener en las carreras.
Incontables vueltas después y un par de músculos más agobiados que al comienzo, inexplicablemente el karting de Amador se queda sin frenos, chocando contra una pared, no de neumáticos, no era siquiera una pared visible, era una pared abstracta, que se jactaba de ser dura como todas las demás de su tipo, era la realidad.
Ese fue el día en que el adolescente cambio de camino, y perdió el interés en que su padre se entere de esta variación en su ser y en su destino.
Amador había descubierto que no todo era tan inocente como se mostraba, que aun con posibilidades consolidadas por pilares de seguridad, todo podría irse por la borda con una simple ventisca, con un simple malhumor, con un simple y arbitrario antojo. Le resulto todo tan frágil que se vio prácticamente obligado por su inconciente sentido de bienestar, a buscarle una solución a todo aquello que le produjera penumbras, así como previamente tratar de acabar con las sombras que le provocaban incertidumbre y un tormento casi insoportable.
La criatura que al nacer irradio luz paso mucho tiempo sin tomar un riesgo desde su parte sentimental. Por eso fue que al conocer una chica inocente, pero no lo demasiado como para aburrirlo, no dudo un instante en darle una inyección de seguridad al espacio que existía entre los dos y se convirtieron en pareja.
La conexión entre estas dos situaciones consta de lo siguiente. Amador se hallaba realmente satisfecho y realizado viéndose involucrado sentimentalmente con esta muchacha, hasta que un día; para dejarlo mas claro: Hasta que ese sábado en la pista se le fue todo por la borda, con destino a la cloaca, junto a todo aquello que le gustaría dejar atrás. Descubrió que a la seguridad le resultaba bastante gracioso que apostara sus fichas en ella, y le demostró sin dejarle ninguna duda, que de nada servia, que ella misma era una mentira, que era nomás un mal necesario proveniente de la esperanza, o para llamar a la esperanza. Nunca supo distinguir bien entre una u otra.
28/3/10
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