El padre de Tomas fabricaba puertas, y la madre picaportes. Esta era la historia de su familia y el camino a seguir de sus descendientes varones, de sus siete hermanos, los hombres fabricaban rústicos objetos, inútiles, y sus parejas, las mujeres, con un simple toque transformaban escombros en practicas utilidades.
Un día Tomas se cansó, quiso construir una puerta y no solo cortar la madera, y cuando fue a dar el toque de gracia, una mano invisible de justicia provoco casi por accidente la amputación propia y directa de la mano diestra de tomar, de nada le servia la siniestra.
Intentando valerse solo, manco, Tomas hacia la cama, se cocinaba y se lavaba la ropa, odiando y entendiendo cada vez mas las nueve espaldas que su familia le había obsequiado con moño y todo.
Se corrió la voz por el barrio y una joven, prometiendo socorrer al arrepentido, arribo a su hogar y le tomo el timbre, Tomas ladeo la cortina y bajo apresurado la escalera a su encuentro, pero se trastabillo, cayendo sobre su mano y provocando así un quiebre de muñeca. Nunca pudo abrir la puerta, la joven muchacha cansada de esperar retorno a su hogar, con la sonrisa marchita, y Tomas continuo solo, sin nunca poder encender un cigarrillo frente a la brisa.
11/12/09
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