Cada uno tiene o no su dios, tiene o no su creencia, su forma de caminar, su forma de callar y sus cosas que decir.
De cuantos crímenes podría acusarles a esos que nos quitan nuestras formas y libertad.
Esos que nos roban el alpiste y nos lo racionan tras las rejas, con las alas ya cortadas.
No queda impune la sociedad que nos invita tan seductoramente a meternos en un artificial mundito, provocándonos así el olvido de mirar las estrellas, de contar los cráteres de la luna, y de aminorar los latidos automáticamente intentando sincronizarlos con el canto de los grillos, esas cosas que uno hacia cuando el alma estaba mas cerca, y el espíritu no estaba envuelto en frazadas y tecnología mal usada.
El inventor de la pantalla no creo sea ningún perverso, pero ¿cómo es que nos reducimos a tan material posición?
Dan ganas de escapar al cielo cuando trato de complacer mi audición con los grillos, y el concierto es atrozmente interrumpido por un camión acariciando el asfalto.
Perdí la practica en expresarme artísticamente, se me va haciendo mas difícil hablar de manera mínimamente distinta a la cotidiana.
Esas palabras con sentido, no vacías, debo ahora buscarlas bajo unos centímetros mas de tierra, cerca de los tambores, esos que hacen temblar todas mis venas. Pero se que ahí están, no todo esta perdido, solo hace falta esmerarse un poco mas y aprovechar cada uno de esos momentos proliferos para el encuentro con el propio ser.
15/1/10
L
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