A veces las cosas simplemente no son lo que parecen, ni siquiera ante nuestros propios espejos.
El viento no es viento, sino la caricia de las cortinas.
El sol no lo es, sino el hecho de enceguecernos para confiar mas en nuestros instintos.
La flor no florece, solo esta ahí, puesta para permitirnos mirarla y así desviar la vista del asfalto.
El sueño no es sueño, no es cansancio, sino el permitirnos soñar, dentro de ese estado ideal en el cual solo podremos vivirlo desde un palco, como un espectador.
Un hombre propuso como interesante ejercicio mirar las cosas desde otro ángulo cuando se cree que bien se las conoce. Eso nos regalan los sueños, el otro punto de vista, nuestro liviano dormir y profundo despertar. El hecho de involuntariamente desperezarnos para abrirle los brazos a la vida y al día que esta empezando.
La seguridad de que volveremos a caer en sueños, y la seguridad de que por mas puñales que nos clave la realidad, quitándonos así las ganas de salir del sobre (dícese de la cama), volveremos a abrirle los brazos a la esperanza, invitándola a adueñarse de nuestro andar y nuestro mirar.
Siempre se sueña y no siempre se recuerda dicen los sabios por ahí.
El único mínimo descubrimiento que yo hice, fue el de saber que cada rayito de sol nos revive un poco mas, y que siempre hace bien despertarse con el cantar de un ave, aunque no nos haya dejado dormir bien la noche anterior.
Siempre podremos ver el cansancio como la posibilidad de soñar, la flor como la posibilidad de escaparle al asfalto, el resfrío como la posibilidad de rascarse la nariz, y el dolor como la posibilidad de volver a levantarnos, precioso acto el de volver a levantarnos.
17/2/10
L
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