Iba camino a casa del viejo a buscar mis rodados, salí un poco tarde de casa pero no me preocupa, parece ser un día de furia y ya me espero lo peor.
al pasar por la tienda sobre Artigas, donde venden alpiste y alimentos para cuadrúpedos vi alimentándose a un grupo de palomas en la vereda, todas menos dos, las cuales permanecían con la cabeza en alto. Fue entonces cuando creí escucharlas, el agradecimiento de las que comían con la cabeza gacha y al abrazo protector de estas dos, vigilando cualquier peligro que pudiera avecinarse.
Seguí caminando sin reparar en dicho acto maternal, tome la bicicleta, llegue a la estación y perdí el tren, como era de esperarse.
Andando con aire de lunes transcurrí sobre los acentos del día, pero no pude olvidar a las palomas ni tampoco a esas luces me rodearon en el anden.
Es indescriptible lo agusto que me siento con el día, las calles están empapadas, las nubes grises empiezan a abrirle paso al sol, y corre como apurada una suave y fresca brisa de verano. Todo parece armada para que yo vuele, pero no me deja la inquietud, no me deja solo y no me deja volar, pero retiene a las palomas a mi lado.
Entonces, para no hacer de la imagen una obsesión, comencé a pensar en cosas tales como cuantas eran las que componían a una persona, es decir, historias, melodías, letras, recuerdos, seres, vidas pasadas y los mismos ingredientes en estas.
Fue en este momento ( el de ahora ) en el que tuve que tirarme del os pelos al imaginar vidas pasadas como animales, como aves, como palomas, como esas dos palomas, posadas en la tapa de la chimenea de la casa de enfrente, invencibles bajo la feroz tormenta, esa, la que no se le abrió al sol, esa, la de luces y no partículas, solo luces.
9/11/09
L
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queeeeeeeeee lindo
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